viernes, 11 de diciembre de 2015

Capítulo 2: "Todo es por tu bien" (Parte 1)

Volví a abrir los ojos lentamente, no veía nada, pero un olor a tierra mojada invadió mi sentido del olfato. De pronto, tanteando en la oscuridad alcancé a agarrarme de una rama que estaba a la mano. ¿Donde estaba? Lentamente la luz se abrió paso entre sombrías siluetas de árboles milenarios. Un bosque, un hermoso bosque con ese olor característico a tierra húmeda y a verde absoluto. 

Caminé a través de los recovecos menos oscuros posibles del lugar. Aún no amanecía del todo por lo que la luz solo rozaba superficialmente este bosque. No sé ya hace cuanto había comido por última vez, pero mi estómago ya reclamaba atención con esa manera tan mañosa que tiene de atacarme cuando se siente hambriento. Un pan amasado con mantequilla derretida, me imaginaba, podía hasta sentir el aroma del pan recién salido del horno. Esperen, ese olor es real, no son alucinaciones del hambre. Sigue el rastro del olor a pan, síguelo.



Una pequeña cabaña en medio del bosque, muy modesta, era sin duda el epicentro del olor a pan amasado recién horneado. Llamé a la puerta sin importar quien estuviera adentro, pues mi hambre podía mas que cualquier miedo o timidez. De pronto, un hombre de aparentes 50 a 60 años, es el que abre la puerta. 

-¿Quien eres? - me pregunta el hombre - ¿A qué vienes por acá? 
-Ho... hola, buenos días - le contesté - ¿Sabe? No sé muy bien como llegué a este bosque y estoy muy pero muy muerto de hambre. Sentí que había olor a pan horneado y quise venir a preguntarle si podía darme uno que sea, no doy mas del hambre caballero. 
-Mmm... bueno, pasa no más. 

Efectivamente era una casa pequeña, modesta, toda de madera. Tenía dentro solo lo necesario y fundamental para subsistir. Una pequeña cocina, ya algo vieja, con su respectivo horno, un pequeño refrigerador, y algunos utensilios de cocina. El hombre en completo silencio me da uno de los panes que recién sacó del horno, yo lo como con fruición y comienzo a intentar poner un tema de conversación. 

-¿Usted vive solo aquí? - le pregunto - Digo, porque igual hay pocas cosas aqui dentro, como si viviera una persona sola.
-No, no vivo solo, vivo con mi hija. 
-Ah... - quedo en silencio ante la sequedad de su respuesta, pero insisto - ¿Y viven hace mucho aquí?
-A ver cabro - me responde algo a la defensiva - ¿Por qué tanta preguntita? ¿No debería preguntarte yo como llegaste aquí?
-Es que no sé como llegué, solo abrí los ojos y me encontraba en el bosque, recien amaneciendo. 
-Mira, hay ocasiones en las que no importa donde vayas a parar, ni como llegaste a donde estás, si estás en paz, y lejos de lo que te atormenta a ti o a tus seres queridos, es mucho mejor. 
-Entonces asumo que usted llegó aquí escapando de algo.
-¡No dije eso!
-¿Entonces? Mmm... mire mejor me voy, es que no es la idea darle problemas, si tampoco vine a interrogarlo. Gracias por el pancito.

En eso, trás una puerta cerrada aparece una chica joven, asumo que es la hija de este hombre. 

-¿Papá? - le pregunta al extraño hombre - ¿Quién es él? 
-¡Catalina! - el hombre se sorprende - ¿No te habías tomado tus remedios? Deberías estar durmiendo a pata suelta. 
-No papá, me estaban haciendo pésimo para la guata. No quiero seguir tomándomelas.
-¡Sabes que es por tu bien! 
-Ya no importa... - de pronto mira hacia donde yo estoy - ¡Hola! ¿Como estás? 
-Hola - le respondo - Un gusto, Cristóbal. 
-Catalina, un gusto. Supongo que este viejo cascarrabias te trató bien. Nunca recibe muy bien a las visitas.
-Que habladora Catalina, me estás dejando pésimo - dice el hombre - Disculpa cabro, en serio, mi nombre Iván. 
-Un gusto, don Iván - respondo - ¿Así que entonces reciben mucha gente? 
-No la verdad - dice Catalina - porque mi papá ya ha agarrado fama de ermitaño, imagínate que vivimos acá hace 4 años y solo han venido 5 personas contándote a ti. 
-¿4 años? - le pregunto - ¿Y tu que edad tienes? 
-16, estamos acá desde que yo tenía 12. Y desde entonces practicamente no salgo de acá. 
-Catalina, cierra la boca - le dice el papá algo enojado - Sabes que todo esto es por tu propio bien. 
-Papá, yo ya he crecido, no voy a volver a cometer la misma locura. 
-¿Que hiciste? - le pregunto yo - Digo, si puede saberse. 
-¡Hija por favor no! - le dice Iván a su hija - Esto no puede saberse. 
-Cristóbal, te ves una persona confiable y sé que podré contartelo, mira, yo a los 12 años intenté suicidarme... y mi papá me encontró a tiempo. 
-Don Iván, ¿de verdad le avergüenza el hecho de haber salvado la vida de su hija?
-No te imaginas la vergüenza y la pena que siento al recordar eso - dice Iván acongojado - Por eso mismo me la traje acá, al bosque, para que pudiera recuperarse con toda esta naturaleza.
-¡Pero papá si me tienes empastillada el día entero! ¡Y de qué naturaleza hablas si no me dejas ni asomar la nariz afuera!
-¡Es por tu bien! 
-¿Lo oyes? - vuelve a decirme a mi - Necio, como una mula. Y no para de repetir lo mismo siempre. 
-¿Pero que fué lo que te hizo tomar la decisión de suicidarte hace 4 años? Porque tu papá recién me hablaba de que huían de algo. 
-¡Entiendes mal! - dice Iván - no estamos escapando de nada.
-La verdad ya ni me acuerdo bien el motivo por qué lo hice, pero, ya sabes, los 12 igual es una edad complicada, la pubertad y eso...
-¿Pero tanto como para tomar esa decisión? - pregunto.
-Lo único que sé es que si no fuera por mi papá no la estaría contando ahora. 
-Uf, que increíble - digo - pero bueno, estas a salvo y eso es lo que importa. Lo que es yo, necesito volver a mi casa lo antes posible, ¿saben como puedo volver a la ciudad? 
-Es mejor que te quedes, afuera pareciera que el cielo se nubla y hay ese olor como a que va a llover. 
-¡No hija! - dice Iván - ¡No tenemos comida para tres! 
-Papá, no me importa, lo compartimos todo ¿okey? 

Finalmente, me quedé en la cabaña, junto a Iván y Catalina. Ella me parecía una chica simpática y amable, pasamos la tarde entera jugando juegos de mesa y conversando de muchas cosas, pero extrañamente, por más que ella quisiera contarme acerca de su vida antes de los 12 años, había muchas cosas que al parecer había olvidado, y me fuí dando cuenta de lo recitado y aprendido de sus recuerdos. Se lo hice saber. 

-Catalina, ¿no te parece raro que tus recuerdos sean solo de los 12 en adelante? Digo, en esta cabaña, con tu papá. ¿No recuerdas nada hacia atrás? ¿Tu madre, familia, amigos? 
-Mmm, no se, o sea, yo me crié con mi papá toda mi vida, se que mi mamá murió cuando yo era muy chica. No tengo hermanos... no sé que más podría decirte. 

Me empezó a parecer extraño todo esto, la historia entrecortada de Catalina, el comportamiento de su padre, el hecho de que ella se intentara suicidar, etc. Estaba tan absorto en mis pensamientos que no me percaté que desde la ventana alguien nos observaba con recelo. 

CONTINUARÁ...

martes, 24 de noviembre de 2015

Nido y Fuente.

Busqué refugio en mi infancia, fue agradable hacerlo,
a veces la vida toma tintes melancolicos intensos.
La seňal de los nuevos tiempos y la lucha incansable por no despegarse fue desgarradora;
estrecho y maldito umbral sin regreso.



La vida tenia mas simpleza de lo que imagine, una sola palabra: nido.
Bienvenido al nido me dijeron, aqui veras como te potenciaremos.
Tardes largas y frias afuera, calidas adentro,
encanto en la piel, encanto en el gusto,
encanto en la risa y encanto en la vision. 
La vida no era tan mala, como me dijeron en la biblia e iglesia, 
falta correr un visillo y la vision amplia esta completa. 
Un visillo sucio apolillado y percudido. 
Comprobe ahi que importante era el nido, en ese trozo de niňez tardia, en casa de mi tia y como complice mi primo, un hermano al fin y al cabo, para mi ya fue lo mismo. 

Llegaron los amigos y juegos, con los ultimos vestigios de infancia, 
estan al fin, no podia no vivirlo, el nido no solo esta aqui dentro alla afuera tambien hay magia. 
De pronto llega de golpe, armada hasta con la mirada, la pubertad grita en goces la infancia ya arrebatada. 
Los que estaban ya no ejercen, su amena y dulce compaňia, todo queda en silencio. 

Hasta el ultimo vestigio se ha esfumado, el arco se abre y deja pasar al incauto, quisiera que el reloj me hiciera un favor, antes del trance esperado. 

Fuente eterna de placer y autoestima, nido confortable, nido nutritivo. 

Chronos no perdona ni tiene consideración, Chronos no vive de glorias pasadas, Chronos compró la memoria y hoy me la vende en comodas cuotas.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Capítulo 1: "Noche magnética"

Aquella noche no era mi cama el lugar donde mi cuerpo descansaba, no, no era mi cama. Era una casa desconocida ¿o no?, la habitación estaba oscura y solo un atisbo de luz por la ventana a mi costado brindaba un tenue tono azulino al lugar. Al parecer me encuentro a solas aquí, pero no estoy realmente seguro. 

Solo una cobija delgada me cubre y apoyo mi cabeza firmemente en una almohada, tan firmemente que pareciera no poder despegarme de ella, ni tampoco despegar mi cuerpo de la base dura y áspera del suelo, si, definitivamente no estaba ni siquiera en una cama ni un colchón. No sé que hago aquí, casi por una razón de vida o muerte necesito ir a mirarme al espejo del baño, intento levantarme pero mi cuerpo rígido sobre el suelo me lo impide. De pronto, recuerdo que el interruptor de la lámpara se encuentra a escasos centímetros de mí, e intento estirar mi brazo libre del magnético suelo para alcanzarlo y prenderlo. ¿Por qué el cable de la lámpara hace ese movimiento tan serpenteante? Se aleja cada vez más de mí y no permite que lo agarre para encender la luz. ¡Pero que idiota soy! ¡Tengo la linterna de mi celular! No estoy dispuesto a caminar a tientas como los ciegos hacia el baño. La oscuridad no me la va a ganar. Tomo mi celular con mi mano libre y enciendo la linterna de éste, proyectando su luz hacia el suelo donde estoy recostado para ver el por qué de mi rigidez. ¿Qué? ¿Qué son estas marcas en el suelo? ¿Quién dibujó este círculo alrededor de mí? Un círculo con dos triángulos en el centro, uno derecho y otro volteado. ¿No he visto antes este símbolo en esos artículos conspiranoicos de internet? De pronto mi celular se me escapa de las manos y cae al suelo, quedando allí pegado también, dentro del misterioso círculo. No sé que hacer, necesito ir al baño y ver mi cara en el espejo, no aguanto más.



¡Así que quieres ir a mirarte! ¡No lo veo muy probable por ahora amigo mio! - me dice una voz que escucho retumbante en la habitación - ¿Qué acaso no te das cuenta? ¡Estás en nuestro poder! ¡Bienvenido a la legión! Es mejor que disfrutes de tu estadía en nuestra casa, anímate y juntos haremos grandes cosas.  

Yo no estoy dispuesto a ceder mi libertad, yo iré si o si al baño a mirarme al espejo y reconocerme en él. 

¿Quien eres? ¿Por qué me tienes acá? ¿A qué quieres que me una? - le pregunto yo un tanto sobresaltado - ¡Suéltame ahora! 

Te conozco muy bien querido amiguito, eso no lo dudes - de pronto, la voz se personifica en un hombre alto, flaco y con el rostro cubierto por tan solo una sombra - Pero tu también me conoces, eso te lo puedo asegurar... tu y yo haremos un trato justo, tu posibilidad de ir al espejo a mirarte a cambio de algo muy especial. 

¡No hago tratos con quien no conozco! - replico furioso - ¡Ya dime quien eres!

¡No es hora! ¡Escucha mi propuesta! - dice el misterioso sujeto - Te permitiré ir al espejo del baño y observarte, pero debes cumplir una misión para mi. 

No estoy dispuesto a seguir escuchándolo. Este sujeto me da una terrible sensación. Con todas mis fuerzas y mi rabia intento zafarme de ese magnetismo que me tiene pegado al suelo y logro hacerlo, corro aún en la oscuridad hacia el baño que se encuentra a tan solo 5 metros. El hombre sombrío mueve su mano delicadamente y hacia mi llegan como casi por magnetismo todo tipo de objetos de la habitación: la lámpara y su cable-serpiente desconectada, el velador, un televisor, y una pila de libros que no me permiten avanzar y me cierran el paso. Miro al hombre tratando de reconocer su cara y su sonrisa de triunfo pero no logro descifrar su identidad. En eso, ese infeliz hace un chasquido con los dedos y logra que el cable-serpiente me rodee dejándome inmovil. 

¡Amigo! El odio y el resentimiento no te llevarán a ningun lado - dice el hombre sombrío casi riendose de la situación - Mas te vale obedecerme o no podrás reconocerte jamás en ese espejo. 

De pronto, me pregunto a mi mismo ¿Por qué me es tan importante ir a reafirmar mi imagen al espejo? ¿Por qué aquí y ahora precisamente necesito reconocerme? Una idea asalta mi mente, una idea que puede cambiar la situación con este misterioso personaje. 

¡Bueno! - le digo con voz triunfante - Tu ganas, no pretendo ir a ese espejo, no pretendo mirarme, no pretendo reconocerme ¡Quédate con tu espejo! ¡No lo necesito más! 

El hombre emite un rugido ensordecedor de rabia y se desvanece a través de una cortina de humo negro. La luz que entra por la ventana cambia de tenue a intensa y todo el lugar se aclara, ¡pero que pasa! ¡esta habitación yo la conozco de alguna parte! Pero, ¿de donde? En eso, alguien entra a la habitación, es un hombre alto, con cabello castaño ondulado y pequeña barba, es extraño pero, siento como si también le conociera desde hace mucho, y su presencia me inspira mucha paz. 

¿Tu quien eres? - le pregunto algo confuso por los acontecimientos - ¿Esta casa es tuya? 

No amigo, no es mía, pero alguna vez si fué parte de tu vida - me dice sonriendo - Creo que aquí comienza tu misión. Esto es solo el comienzo de una larga senda a la que no puedes renunciar. 

El hombre se desvanece rápidamente. Estoy seguro de haberlo visto en alguna parte antes, pero que más dá, ¿de qué larga senda me está hablando?, ¿cual es esa misión? ¿por qué llegué ahi y por qué deseaba tanto verme en ese maldito espejo? 

CONTINUARÁ...

Estupefacto (Bajo tus efectos I)



Tengo el cráneo disociado y la cabeza reptante,
la mirada gamberra y el corazón tomate.
Tengo la voz en el fango, tengo la célula madre,
tengo tu grito en el cielo montado en un elefante. 

Raspa la olla que la guatona se fue, baila baila que tu tía salió,
canta canta que el amor no aguanta, cose cose que llego el patrón. 

Mira el campo y mírame en visiones, que la noche sigue y no me quiero ir, entendámonos en bajas pasiones, que el castigo nos hará feliz.
El ciervo vaga en ruidosas suposiciones, vienen siguiéndolo ruidos atroces,
hizo entre líneas sus tiernos valores, sin percatarse que tenía calzones. 

Quizás la cara enojada, tal vez tu risa risiente,
la cara de un monumento, o simplemente mal aliento. 

Me voy me quedo y me entro, saliendo me tiene contento,
me dijo bien hecho perro, tu guárdame por un silencio. 

¿FIN?